LA DULCE X CHACO.
PARA TOMAR CONCIENCIA DE LA IMPORTANCIA DE AYUDAR, HOY LES REGALO DOS POESÍAS QUE AYUDARÁN A DARNOS CUENTA QUE LOS QUE MÁS NECESITAN NOS ESTÁN ESPERANDO. Gracias a Rosita Moreno que me las hizo llegar. NO TE RÍAS DE UN COLLA. No te rías de
PARA TOMAR CONCIENCIA DE LA IMPORTANCIA
DE AYUDAR, HOY LES REGALO DOS POESÍAS QUE
AYUDARÁN A DARNOS CUENTA QUE LOS QUE MÁS
NECESITAN NOS ESTÁN ESPERANDO.
Gracias a Rosita Moreno que me las hizo llegar.
NO TE RÍAS DE UN COLLA.
No te rías de un Colla, que bajó del cerro
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus avales yertos.
No te rías de un Colla, si lo ves callado… si lo ves dormido.
No te rías de un Colla, si al cruzar la calle,
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco.
Asustao el runa como asno bien chúcaro;
poncho con sombrero debajo del brazo.
No sobres al Colla si un día de sol,
lo ves abrigado con ropa de lana; transpirando entero.
Ten presente amigo, que él vino del cerro donde hay mucho frío.
Donde el viento helado, rajeteó sus manos y partió sus callos.
No sobres al Colla si lo ves comiendo,
su mote cocido, su carne de avío,
allá en una plaza, sobre una vereda o cerca del río
menos si lo ves coqueando por su Pachamama.
Él bajó del cerro a vender su lana, a vender sus cueros,
a comprar azúcar, a llevar su harina,
y es tan precavido que trajo su plata,
y hasta su comida y no te pide nada.
No te rías de un Colla, que está en la frontera,
pa´ lao de la Quiaca, o allá en las alturas del Abra del Zenta.
Ten presente amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.
No te burles de un Colla, que si vas pa´l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa.
Tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas
comerás un tulpo… y a cambio de nada.
No te rías de un Colla que busca el silencio,
que en medio las lajas cultiva sus habas,
y allá en las alturas, en donde no hay nada…
¡Así sobrevive con su Pachamama!
Poesía de Fortunato Ramos.
YO JAMÁS FUI NIÑO.
Mi sonrisa se seca, y mi rostro serio.
Mis espaldas anchas, mis músculos
duros.
Mis manos partidas por el crudo frío,
sólo ocho años tengo pero no soy
niño.
Detrás mis ovejas, ando por el cerro
y cargo mi leña, bajo hasta mi puesto
a soplar el fuego, a mismiar mi soga
y no tengo tiempo para ser un niño.
Tengo ya diez años, y, todo es lo
mismo.
Mate, sal con leche, son mis
caramelos,
mi juguete un chivo o el perro ovejero.
Diez años tan sólo pero no soy niño.
Mi avión de juguete es un cuervo viejo.
Mi camión un burro de trotar muy lento.
Mi amigo es un zorro que roba mis cabras
diez tan sólo,
pero no soy niño.
Mi rostro es de viejo y mi andar de abuelo.
Mis callos partidos por piedras del cerro.
Mi poncho rotoso por el fuerte viento.
Todo eso me dice que no soy un niño.
…¡ Y no hay reyes magos!
…¡Y no hay día del niño!
Jamás tuve suerte,
de poder ser niño.
Poesía de Fortunato Ramos.
















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