Malvinas, la otra mirada.

NOTA PUBLICADA POR EL DIARIO «EL ECO DE TANDIL» AL COMODORO (R) DÍAZ, QUIEN ESTARÁ EL PRÓXIMO VIERNES A LAS 20.30 EN EL CENTRO DE CONVENCIONES DE LA DULCE, CON UNA CHARLA ESPECIAL PARA NUESTRA LOCALIDAD. Malvinas, la otra mirada… Es la de David Smith, que a 27 años del conflicto del Atlántico Sur se

NOTA PUBLICADA
POR EL DIARIO
«EL ECO DE TANDIL»
AL COMODORO (R)
DÍAZ, QUIEN
ESTARÁ EL PRÓXIMO
VIERNES A LAS
20.30 EN EL CENTRO
DE CONVENCIONES
DE LA DULCE, CON
UNA CHARLA
ESPECIAL PARA
NUESTRA LOCALIDAD.

Malvinas, la otra mirada…

Es la de David Smith, que a 27 años del conflicto del Atlántico Sur se
comunicó con el Comodoro Raúl Ángel Díaz manifestándole su alivio
porque “durante todo este tiempo pensé que lo había matado”. Hoy,
Díaz y Smith cruzan emails esperando que llegue el momento de
encontrarse personalmente y abrazarse como hermanos, comenzando
a escribir un nuevo capítulo en la historia de las Islas Malvinas.
Enemigos Íntimos

El Comodoro Raúl Ángel Díaz, ex piloto de la Fuerza Aérea Argentina,
narra su historia en las islas Malvinas durante la guerra, como si fuera
una película. Se lo escucha atentamente y su voz es como en la proyección
de una película de guerra, sólo que está narrando parte de su vida en
tiempos bélicos. Luego de ser derribado de su avión estuvo en unos
peñascos a la espera de ayuda y hoy a 27 años de la guerra comenzó a
intercambiar mails con el piloto inglés que bajó su avión. ¿Es posible ser
amigo de quien intentó matarlo?

¿Qué avión voló cuando fue derribado?¿Recuerda los días previos?

Un Mirage Dagger, cuya matrícula era Charly 430, el 24 de Mayo.

Las operaciones en Malvinas comenzaron el 1 de Mayo, que fue el
bautismo de la Fuerza Aérea, previo a eso el 2 de abril que fue la toma
estábamos en la VI Brigada Aérea. El 6 nos ordenaron despegar hacia el sur
y posteriormente mi escuadrón hacia la Base San Julian, desde donde operó
durante todo el conflicto; obviamente, no estuve porque caí previo al 14
de Junio. Hice varias misiones, pero la última fue el 24 de Mayo, como le
comentaba al inicio de la charla. El 21 había comenzado la operación inglesa
de desembarco en el canal San Carlos para sembrar todas sus fuerzas
terrestres a efectos de tomar la posición de Puerto Argentino. Completan el
desembarco teniendo en cuenta que en cualquier momento podrían tener
noticias de la Fuerza Aérea Argentina en un canal que no le daba demasiada
movilidad para el desembarco. Nosotros, alertados, comenzamos a salir con
todos los aviones y hubo un ataque muy intenso sobre toda la cabecera de la
playa, de allí parte el nombre de “canal de las bombas”, como lo llamaban los
ingleses y por la nuestra “canal de los misiles”, en relación al armamento de
ellos y el nuestro.

El lunes 24 de Mayo hicimos una navegación completa desde San Julián a un
nivel que nos permitía el peso de combustible y de bombas, llegamos a las islas,
comenzamos a descender, hicimos todo un vuelo rasante sobre la zona norte
de las Malvinas, volamos sobre el agua a unos diez metros, aproximadamente,
a una velocidad cercana a los 1000 km/h y a esa velocidad fuimos interceptados
por dos Sea Harrier guiados por navíos cercanos a los que no vimos. Los
aviones se nos pusieron detrás sin que nos percatásemos y comenzaron a lanzar
sus misiles.

Yo era el líder de la escuadrilla y al primero que pegan fue al que estaba a mi
izquierda, tripulado por el teniente Carlos Castillo, que desaparece en acción.
El N° 3, mayor Luis Puga, que venía a mi derecha ve la explosión a la que yo,
por estar abocado a los instrumentos no vi, y me dice “al 3 le pegó un misil”,
giro la cabeza hacia la derecha y veo que el avión no estaba afectado pero sí
veo un misil que lo persigue, le pido varias veces que se eyecte pero me doy
cuenta que ya no tiene posibilidades y el misil pega y un metro detrás del piloto
se convierte en una antorcha completa, perdió toda la cola.

¿Usted escuchó la explosión?

Parecía una película muda, veía todo y hasta me imaginaba el estruendo pero
los únicos ruidos que escuchaba eran los de mi avión, no se veía nada pero
alcancé a visualizar la nariz y la cabina del avión. Insistí en la eyección sin saber
si el piloto estaba vivo o muerto y lo que hice fue prepararme para el impacto o
para entrar en combate, eyecté los tanques externos de combustible y las bombas
para hacer más liviano el avión y con eso logré un viraje muy fuerte hacia la derecha
y cuando casi lo estoy completando, pega otro misil de lleno en mi avión. Me quedé
sin comandos y a baja altura comienza a hacer unas maniobras tremendas y veo que
se encienden las luces completas del sistema de fallas. Supe que debía eyectarme
porque estaba sin comandos.

Debí hacerlos con unas anillas que están entre las piernas del piloto que son para
emergencia total, cuando no hay tiempo para nada, ni siquiera para ubicarse bien
en el asiento. Cuando me eyecté empecé a ver luces fuertes, sentí como si alguien
estuviera golpeando una chapa de cinc, dolores en todo el cuerpo. Creí que estaba
pegando contra el agua hasta percatarme que realmente estaba eyectado, cuando
veo las piernas recostadas contra el firmamento.

Pensar en nada

Su eyección fue “exitosa”, ¿está bien el término?

Sí –dice explicando con precisión las cuestiones técnicas que hacen a una
buena o mala eyección, que no fue su caso-

¿Cómo vivió esos instantes?

Tengo dos imágenes, las piernas recostadas sobre el firmamento y
el tirón del paracaídas cuando se abrió y esto me tomó por sorpresa, miré
hacia abajo y vi que estaba entrando a mucha velocidad en un islote, entonces
intenté levantar los brazos para girar los arneses de tal manera de ir en la
dirección del viento, pero sólo pude levantar el izquierdo, el otro no me
respondió y cuando intento ver qué tenía pego contra la turba, doy una serie
de volteretas y termino caído mirando al cielo, el paracaídas se enreda en unas
tocas cercanas y de esta manera no lo sigue llevando el viento y mi brazo derecho
queda debajo de mi cuerpo. Perdí el casco y tenía todas las botas rotas.

Cuando uno se eyecta a 1000 km/h la presión es terrible, como si se estuviera
desintegrando, y el fabricante de los asientos eyectables dice que si uno supera
(menos de la mitad que alcancé yo) no garantiza que no se vaya a desgajar un brazo,
una pierna. Felizmente no perdí nada, sí sufrí una fuerte luxación del codo derecho y
–lo supe después- fracturas de vértebras lumbares que fueron producto de que
estuviera inadecuadamente sentado en el asiento.

Encuentro argentino

Estaba tirado en el piso escuché el ruido de un avión y pensaba que sería el Sea
Harrier que me había derribado, miré hacia el agua para ver si el compañero se había
eyectado o no, pero no vi nada.

Me sentía todo dolorido, incómodo en esa posición boca arriba, miré la hora y
eran las once y cuarto de la mañana y sabía que poco después de las cinco de la
tarde oscurecería y, por lo tanto, con las heridas que tenía y con las bajas
temperaturas no iba a sobrevivir. De todos modos, de a poquito me fui levantando,
a pesar de estar shockeado saqué del equipo un sachet de agua y comencé a tomar
de a sorbos pero me quemaba la garganta, quizás por haber inhalado humo en la
cabina del avión y el estrés. Me puse a caminar de a poco, muy lentamente, hacia el
avión para ver si había quedado algún sistema de comunicación, pero vi que estaba
casi todo dentro de la turba, por lo tanto desistí de esta idea y caminé por la costa
buscando algún pueblo kelper, llevé lo que pude porque en la condición que estaba
no me podía llevar muchas cosas.

Había hecho unos pocos metros cuando divisé un jeep Land Rover, con dos soldados,
cuando me vieron pararon y me dije “son ingleses”, estaban como a unos 100 metros.

¿Qué hizo?

Tomé el revolver, pensaba que le estábamos haciendo un poco difícil la vida a los
ingleses y no quería caer prisionero. Los veía hablar pero no lo podía escuchar hasta
que pararon el motor y con voz clara y fuerte me gritaron “nombre”. Me volvió el alma
al cuerpo, no eran ingleses ni kelpers, eran argentinos que vieron lo que había pasado
y salieron a buscarnos sin saber si iban a encontrar a los pilotos. Me llevaron a ese
pueblito que había divisado y allí estuve durante seis días hasta que me tuvieron que
llevar de urgencia al continente por el brazo. Se estaba poniendo complicado el tema.

“Me salvó la vida”

¿Lo encontraron a Puga?

Sí. Lo que no pensé fue que Castillo había sido derribado, me enteré en el pueblito.
Puga se terminó eyectando, pudo superar el frío del agua y felizmente llegó a la isla
y pasó toda la noche caminando en círculos para no perderse porque pensaba,
a la mañana, caminar al pobladito kelpers donde yo estaba.

¿Por qué le dijo (Puga) que había derribado al 3 si él era el 3?

En el apresuramiento se equivocó y eso me salvó la vida.

¿En esos momentos hay tiempo para pensar en otras cosas que
no sea el trata de salvarse?

No, solamente se pensaba en la situación de la misión. Sí era duro cuando uno se
acostaba y trataba de dormirse. Arriba del avión el cambio era sustancial. Pero
respondiendo puntualmente a su pregunta, son tan escasos los segundos y hay
tanto que controlar que no hay tiempo para otros pensamientos. Lo piensa después,
pero no en ese momento y lo que sí se siente es que cuesta horrores a abandonar
la cabina porque es el reaseguro para volver a tierra.

 

¿Cuándo lo bajaron qué fue lo que pensó? Porque no vió una cara sino un misil
incrustándose en su avión.

Era una cosa difusa, no había un rostro, era el Sea Harrier, nadie en particular.
Tal vez haya pilotos que pueden decir “vi una cara”. No es mi caso.

¿Sufrió estrés postraumático?

Personalmente no tuve secuelas psicológicas. Estuve internado en el Hospital
Militar de Pompeya, felizmente no fue necesario operarme el brazo. Me estuvo
controlando un psiquiatra, sin que yo lo supiera, y cuando me dieron el alta me
dijo que emocionalmente estaba bien.

El otro, mi hermano.

¿Es posible entablar una amistad con quién intentó matarlo?

Es una situación más bien rara. Pasaron 25 años, sabía que él me había
derribado porque en una revista internacional encontré una nota donde se daba
cuenta de que había derribado a mi avión y el piloto era David Smith. El contaba
cómo había sido el combate aéreo.

¿Nunca intentó hacer contacto con él?

No, para mí no ameritaba… hasta que hace dos años atrás, un día estaba en casa
con mi mujer cuidando a mis nietos y recibí un llamado del Edificio Cóndor. Se
comunicó conmigo un oficial de la Fuerza Aérea para decirme que David Smith
se había contactado con ellos y que quería tener mi correo electrónico para
escribirme.

Realmente fue una sorpresa, se lo di y al día siguiente tenía en mi correo un mail
de él que me decía que se alegraba muchísimo de haber sabido que no había sido
el causal de mi muerte porque supuso, a través de muchos años, que yo estaba
muerto, confundiéndome con Castillo.

Le devolví el mail contándole cómo había sido todo, mi eyección, mi caída y que
después de un tiempo en el hospital había salido y proseguido mi vida en familia.
Me contestó que estaba muy contento y que era muy importante para él saber que
no me habían quedado secuelas. Y el 2 de Abril pasado, a través de una comunicación
con una radio de Neuquén, David Smith aseguró que “había sido terapéutico
hablar conmigo”.

Seguimos intercambiando correos, le envié algunas fotos de familia y estoy
esperando las suyas.

¿Cree que es posible que en algún momento, cuando se encuentren
frente a frente, se abracen como buenos amigos, como hermanos?

 

No me queda le menor duda. Y esté segura que ese momento llegará y será muy
emocionante.

 

Com. (R) Raúl Angel Díaz

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